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Aquí presentaremos todos los poemas que se han trabajo en el estudio.

Selección de poemas

Falleció César, fortunado y fuerte

Falleció César, fortunado y fuerte;

ignoran la piedad y el escarmiento

señas de su glorioso monumento:

porque también para el sepulcro hay muerte.

 

Muere la vida, y de la misma suerte

muere el entierro rico y opulento;

la hora, con oculto movimiento,

aun calla el grito que la fama vierte.

 

Devanan sol y luna, noche y día,

del mundo la robusta vida, ¡y lloras

las advertencias que la edad te envía!

 

Risueña enfermedad son las auroras;

lima de la salud es su alegría:

Licas, sepultureros son las horas. 



Si me hubieran los miedos sucedido

Si me hubieran los miedos sucedido

como me sucedieron los deseos,

los que son llantos hoy fueran trofeos:

¡mirad el ciego error en que he vivido!

 

Con mis aumentos proprios me he perdido;

las ganancias me fueron devaneos;

consulté a la Fortuna mis empleos,

y en ellos adquirí pena y gemido.

 

Perdí, con el desprecio y la pobreza,

la paz y el ocio; el sueño, amedrentado,

se fue en esclavitud de la riqueza.

 

Quedé en poder del oro y del cuidado,

sin ver cuán liberal Naturaleza

da lo que basta al seso no turbado.

 

 

"¡Ah de la vida!"...¿Nadie me responde?

“¡Ah de la vida!”… ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.

¡Que sin poder saber cómo ni a dónde
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.

Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.

En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.

 

 

¡Como de entre mis manos te resbalas!

¡Cómo de entre mis manos te resbalas!

¡Oh, cómo te deslizas, edad mía!

¡Qué mudos pasos traes, oh, muerte fría,

pues con callado pie todo lo igualas!

 

Feroz, de tierra el débil muro escalas,

en quien lozana juventud se fía;

mas ya mi corazón del postrer día

atiende el vuelo, sin mirar las alas.

 

¡Oh condición mortal! ¡Oh dura suerte!

¡Que no puedo querer vivir mañana

sin la pensión de procurar mi muerte!

 

Cualquier instante de la vida humana

es nueva ejecución, con que me advierte

cuán frágil es, cuán mísera, cuán vana. 




Vivir es caminar breve jornada

Vivir es caminar breve jornada,

y muerte viva es, Lico, nuestra vida,

ayer al frágil cuerpo amanecida,

cada instante en el cuerpo sepultada.

 

Nada que, siendo, es poco, y será nada

en poco tiempo que ambiciosa olvida;

pues de la vanidad mal persuadida,

anhela duración, tierra animada.

 

Llevada de engañoso pensamiento

y de esperanza burladora y ciega,

tropezará en el mismo monumento.

 

Como el que, divertido, el mar navega,

y, sin moverse, vuela con el viento,

y antes que piense en acercarse, llega.




Oh tú, que inadvertido peregrinas

¡Oh tú, que inadvertido peregrinas

de osado monte cumbres desdeñosas,

que igualmente vecinas

tienen a las estrellas sospechosas,

o ya confuso vayas

buscando el Cielo, que robustas hayas

te esconden en las hojas,

o la alma aprisionada de congojas

alivies y consueles,

o con el vario pensamiento vueles

delante de esta peña tosca y dura,

que de naturaleza aborrecida

envidia de aquel prado la hermosura:

detén el paso y tu camino olvida,

y el duro intento, que te arrastra, deja,

mientras vivo escarmiento te aconseja!  

 

En la que oscura ves, cueva espantosa,

sepulcro de los tiempos que han pasado,

mi espíritu reposa,

dentro en mi propio cuerpo sepultado,

pues mis bienes perdidos

sólo han dejado en mí fuego y gemidos,

victorias de aquel ceño

que, con la muerte, me libró del sueño

de bienes de la tierra,

y gozo blanda paz tras dura guerra,

hurtado para siempre a la grandeza,

al envidioso polvo Cortesano,

al inicuo poder de la riqueza,

al lisonjero adulador tirano.

¡Dichoso yo, que fuera de este abismo,

vivo me soy sepulcro de mí mismo!  

 

Estas mojadas, nunca enjutas ropas,

estas no escarmentadas y deshechas

velas, proas y popas,

estos hierros molestos, estas flechas,

estos lazos y redes

que me visten de miedo las paredes,

lamentables despojos,

desprecio del naufragio de mis ojos,

recuerdos despreciados,

son, para más dolor bienes pasados. 

 

Fue tiempo que me vio, quien hoy me llora,

burlar de la verdad y de escarmiento,

y ya, quiérelo Dios, llegó la hora,

que debo mi discurso a mi tormento:

ved cómo y cuán en breve el gusto acaba,

pues suspira por mí quien me envidiaba.  

 

Aun a la muerte vine por rodeos,

que se hace de rogar, o da sus veces

a mis propios deseos;

mas ya que son mis desengaños jueces,

aquí solo conmigo

la angosta senda de los sabios sigo,

donde gloriosamente

desprecio la ambición de lo presente. 

 

No lloro lo pasado,

ni lo que ha de venir me da cuidado,

y mi loca esperanza siempre verde,

que sobre el pensamiento voló ufana,

de puro vieja aquí su color pierde,

y blanca puede estar de puro cana. 

 

Aquí, del primer hombre despojado,

descanso ya de andar de mí cargado.

Estos que han de beber, fresnos hojosos,

la roja sangre de la dura guerra;

estos olmos hermosos,

a quien esposa vid abraza y cierra

de la sed de los días,

guardan con sombras las corrientes frías;

y en esta dura sierra,

los agradecimientos de la tierra,

con mi labor cansada,

me entretienen la vida fatigada.  

 

Orfeo del aire el Ruiseñor parece,

y ramillete músico el jilguero;

consuelo aquél en su dolor me ofrece;

éste, a mi mal, se muestra lisonjero;

duermo, por cama, en este suelo duro,

si menos blando sueño, más seguro.  

 

No solicito el mar con remo y vela,

ni temo al Turco la ambición armada;

no en larga centinela,

al sueño inobediente, con pagada

sangre y salud vendida,

soy, por un pobre sueldo, mi homicida;

ni a fortuna me entrego,

con la codicia y la esperanza ciego,

por acabar diligente,

los peligros precisos del Oriente;

no de mi gula amenazada vive

la Fénix en Arabia temerosa,

ni a ultraje de mis leños apercibe

el mar su inobediencia peligrosa:

vivo como hombre, que viviendo muero

por desembarazar el día postrero.  

 

Llenos de paz serena mis sentidos,

y la Corte del alma sosegada,

sujetos y vencidos

apetitos de la ley desordenada,

por límite a mis penas

aguardo que desate de mis venas

la muerte, prevenida

la alma que anudada está en la vida,

disimulando horrores

a esta prisión de miedos y dolores,

a este polvo soberbio y presumido,

ambiciosa ceniza, sepultura

portátil que conmigo la he traído,

sin dejarme contra hora segura. 

 

Nací muriendo, y he vivido ciego,

y nunca al cabo de mi muerte llego.  

 

Tú, pues, oh caminante que me escuchas,

si pretendes salir con la victoria

del monstruo con quien luchas,

harás que se adelante tu memoria

a recibir la muerte,

que oscura y muda viene a deshacerte. 

 

No hagas de otro caso,

pues se huye la vida paso a paso;

y en mentidos placeres

muriendo naces, y viviendo mueres.  

 

Cánsate ya, oh mortal, de fatigarte

en adquirir riquezas y tesoro,

que últimamente el tiempo ha de heredarte,

y al fin te dejarán la plata y oro:

vive para ti solo, si pudieres,

pues sólo para ti, si mueres, mueres. 

Sobre los poemas

Todas estas poesías han sido sacadas de la edición de Blecua de 1976, que se puede consultar en el apartado de bibliografía.

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